miércoles, 24 de septiembre de 2014

DOS VERSIONES LITERARIAS DE LOPE DE AGUIRRE

Miguel Otero Silva. Lope de Aguirre. Príncipe de la libertad. Barcelona. Seix barral, 1979.
Ramón J. Sender. La aventura equinoccial de Lope de Aguirre. Madrid. Novelas y Cuentos. 1982.






        Rara vez había yo encontrado, considerando  novelas que traten el mismo asunto( y no he olvidado tampoco la espléndida película de W. Herzog Lope de Aguirre, la cólera de Dios,que vi hace años con no poco provecho y deleite) dos que obtengan a mi juicio resultados tan disímiles y logros tan desiguales como las que acabo de leer. La del venezolano me ha gustado mucho y la del aragonés no me ha gustado casi nada. Lo de menos es que  haya  algunas diferencias en el decurso de la trama, puesto que Sender empieza su novela con Aguirre formando parte ya de la expedición del gobernador Pedro de Ursúa y Otero se demora en contarnos la infancia y los orígenes familiares del personaje, así como su accidentado viaje a Sevilla y su embarque para las Indias, amén de sus primeras peripecias allí y su establecimiento como comerciante. Pero en lo esencial ambas siguen de cerca los hechos que la información histórica disponible y las crónicas de la época han allegado del atrabiliario y alucinado conquistador vasco y ambas también hacen comparecer a los mismos personajes y comparsas (salvo la mujer de Aguirre, la india Cruspa, madre de su hija Elvira, que Otero incluye y Sender no) y ahí puede decirse que acaban las similitudes.






           El retrato que Sender traza resulta me temo que demasiado fiel a la leyenda negra urdida  en torno al personaje, toda vez que lo viene a pintar como una especie de monstruo asesino, un individuo carcomido por la avaricia y el rencor, carente de todo empaque mítico y épico, que mata con impasible frialdad y justifica, para más inri, después sus asesinatos con descarnado cinismo. El  Aguirre de Otero, en cambio, se diría urdido sobre la falsilla del protomártir de los independentismos hispanoamericanos ---al modo de un Tupac Amaru, por ejemplo---y aunque no obvia ni enmascara sus crímenes, sí que comparece revestido, por contradictorio que parezca, de una suerte de honradez y bonhomía naturales e incluso de pinceladas de ternura: siente piedad por los animales, que secretamente prefiere a los hombres, y trata a los negros y mestizos casi de igual a igual, no desde luego como los otros conquistadores.






          Pero más sustantiva es la cuestión del lenguaje,del planteamiento de la novela (en Otero concebida a la manera de un bien dosificado drama hasta el clímax postrero) y de sus virtudes  como artilugio verbal. El relato de Sender, escrito enteramente en tercera persona y a menudo en una prosa deslavazada y chata, carece de cualquier alarde técnico (salvo simples diálogos en estilo directo y el monólogo de Lope de las pp. 163-65, en el que éste evalúa su margen de maniobra para matar al capitán Juan Alonso de la bandera) y se presenta además con un fondo de folclorismo indigenista que se me antoja del todo impostado y como de relleno: hay aquí y allá notas o pinceladas de zoología animal y breves observaciones antropológicas ( del tipo de las costumbres de una subespecie de monos o los ritos funerarios de un pueblo amazónico). Quizá lo más salvable sea la carta que el héroe envía al rey Felipe II --pp.371-376--- en la que Sender alcanza por lo menos en parte a reproducir con cierta verosimilitud su prosa en los moldes del castellano clásico. El de Otero, por el contrario, cambia constantemente de punto de vista narrativo, incluye pasajes pródigos en recursos retóricos, desde arcaísmos sintácticos hasta enumeraciones en cascada y solemnes anáforas, densos monólogos interiores y diálogos dramáticos con ricas y certeras acotaciones que me atrevo a decir que no desmerecen demasiado ---unos y otras--del arte de Valle-Inclán (véase a este respecto, por ejemplo, la imprecación que Aguirre lanza al Amazonas, concebido como un dios a la vez benefactor y terrible, para recordarle sus orígenes míticos, pp.139-40, o la acotación sobre los ruidos de la selva, pp.159-60, que enmarca el diálogo entre los esclavos negros Juan Primero y Hernando Mandinga) y funciona en general pletórico de fuerza dramática y potencia metafórica, Prendas que hallan su digno colofón en el pasaje final, en el que Lope, ya en los infiernos, clama su venganza y jura que su nombre y memoria nunca se borrarán  en las Américas, donde será conocido como Príncipe de la Libertad.

1 comentario:

  1. Vaya, tenía yo en más estima a mi paisano. De hecho más de una vez he pensado que esa novela y, sobre todo, 'Carolus rex' tenían su sitio en el páramo de la novelilla histórica previa a la Wikipedia.

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